Existen diversas situaciones en las que, por ejemplo, una persona adopta un perro procedente de una protectora o Refugio y el can se muestra sumiso durante su estancia en el recinto humanitario pero una vez adoptado muestra una actitud recelosa, temperamental e incluso agresiva que se manifiesta mediante ladridos muy roncos y fuertes.
La gente, mediatizada por los medios de comunicación comunes y tradicionales, tacha a ese tipo de perros como “agresivos”. Pero muchas veces, detrás de este tipo de situaciones hay situaciones traumáticas que ha sufrido el perro antes de acabar en la protectora tales como maltrato físico, apaleamientos, privación de comida y agua, maltrato verbal y psicológico y rechazo. Eso provoca en los perros una situación similar a los humanos que sufren ese tipo de maltrato. La única diferencia es que un perro es incorruptible y un ser humano no.
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