Terminas tu jornada laboral y emprendes el regreso a casa. En casa sólo te espera tu perro pero cuando abres la puerta y te recibe subiéndose, dando vueltas de contento sobre sí mismo y corriendo por la casa no puedes evitar que te invada una sensación enorme de felicidad y gratitud. Esa experiencia tiene poco con lo que se pueda comparar.
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